El cine boliviano contemporáneo, aunque tímido fuera de sus fronteras, se muestra saludable al interior del país, gracias a la fórmula infalible del boliviano: la ruptura. Esto es cierto, aún cuando el primer largometraje digital, Los hijos del último jardín (2003) vino de la mano del aclamado indigenista Jorge Sanjinés, pero con resultados muy pobres; fueron las películas no comprometidas las que mostraron una provechosa asimilación de la nueva herramienta. Así Dependencia Sexual (2004), de R. Bellot, introdujo el formato y la estética del video digital al medio nacional. La película fue muy reconocida y su director supo catapultarse en ella como campeón del nuevo cine. Menos vista en el país, aunque con un interesante recorrido internacional y un lenguaje más contundente, Lo más bonito de mis mejores años (2006) de Martín Bouloq es un puente menos artificial con las tendencias digitales contemporáneas. Las ventajas del estilo son conocidas. La cosmogonía, en cambio, es problemática: casi podría hablarse de "unidad" de movimiento a escala sudamericana, ya que estas películas se empecinan en mostrarnos jóvenes más o menos conflictivos, vanidosos y bien solventados, jóvenes que todo lo resuelven yendo a la discoteca, como en Nocturnia (2008) de Jack &Aacut... |
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